LA REVOLUCIÓN VERDE OLIVA, DEBRAY Y LA OLAS

V - La OLAS, ¿Revolución en la Coexistencia?

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La OLAS es culminación de un proceso. Podría fijarse en 1963 su arranque, perfilándose la independencia de la línea cubana respecto a Moscú, en relación a América Latina. El conflicto no es directo, sino que toma como campo principal a los PC de América Latina. El desencadenamiento fue la disputa acerca de la "lucha armada" o el "tránsito pacifico", con diversas fases de crispamiento o moderación. Declaraciones eclécticas y transaccionales como la declaración conjunta de Castro y Kruschev de mayo del 63, dejaron a cada cual su chance. Todo se enquistó luego en bizantinismos, en una disputa abstracta que nada hizo avanzar en la comprensión histórica concreta en América Latina. Lo general quedó como generalidad y lo peculiar como peculiaridad, sin conexión recíproca entre sí, en la dinámica latinoamericana. Es que discutían desde el "foco" o desde los PC, que Debray califica de "positivistas", "mecánicos". Cada uno se mantuvo en sus trece, y los conciliadores aparentes como Arismendi en su justo medio, dejaron el foco para el futuro y la ruta pacífica para el presente, sin preguntarse sobre la congruencia de uno con otro, y su ensamble, y aceptando indiscriminadamente ambos. La yuxtaposición arregla todo y facilita no pensar nada. La yuxtaposición se exaspera o se amengua, pero sus términos siguen incambiados. Las distintas vicisitudes hasta hoy no modifican sustancialmente los planteos escolásticos. Pero la OLAS se inscribe como la etapa más radicalizada y endurecida de esa disyuntiva. La polémica se caracteriza así por la dosificación de la mezcla y de tal modo el hibridismo contagia a todos ¿cómo es posible?

Es que la Cuba Revolucionaria no puede prescindir de la Rusia coexistente, y la Rusia coexistente de la Cuba revolucionaria. Y ambas políticas se perturban y contaminan, inevitablemente.

Lucha armada y tránsito pacífico, son los extremos límites de la posibilidad de desarrollo del Tercer Mundo. No parece que puedan coagularse ni significar en toda situación lo mismo. Cierto es que, al límite, no es admisible que haya un tránsito pacífico y no violento en la liberación nacional, lo que no implica que desde ya y en general, la ruta sea necesariamente guerrillera o apronte para ella. Que una táctica monopolice y condicione toda la estrategia, en función de un maniqueísmo igualador. Lucha armada y tránsito pacífico son fórmulas políticas extremas y abstractas. Pero la Coexistencia Pacífica necesita postular tránsitos pacíficos (ya EE.UU. ya Rusia). Y el Tercer Mundo por el contrario necesita reconocer y no temer el rol de la violencia, pues no le cabe esperar la renuncia a la violencia por parte de sus dominadores. Lo que no implica "hic et nunc" la lucha armada como único camino. Las rutas históricas son más tortuosas y complejas que esto. La URSS coexistente prefiere como vía revolucionaria la emulación competitiva (reverso rosado de la Alianza para el Progreso), el tránsito pacífico, lo que es utópico como resolución del problema, pero un ingrediente cierto, importante, de la realidad. Cuba refleja la desesperación del Tercer Mundo, la impaciencia por romper el círculo vicioso de la pobreza y la explotación. Y así, la política cubana no es la Revolución en la Revolución, sino la Revolución en la Coexistencia. Pero una Revolución identificada con el Foco. Tal el significado de la OLAS y las tensiones dramáticas que pone al descubierto.

 

Las dos políticas: Guevara y Budin


Abril fue rico en acontecimientos: la Conferencia de Punta del Este y el Mercado Común, la guerrilla boliviana y Debray. También se publicó por el secretariado de la Tricontinental (OSPAAL: Organización de Solidaridad para los pueblos de África, Asia y América Latina) el mensaje "Crear dos, tres... muchos Viet Nam, es la consigna" de Guevara, misterioso ausente durante tres años.

El mensaje se dirige al Tercer Mundo y plantea la estrategia de lucha contra el neocolonialismo de las sociedades opulentas, encarnadas en la cúspide de su poder por EE.UU. Esta estrategia es sencilla; Guevara amplía a escala de los tres continentes subdesarrollados y dependientes, su segunda tesis sobre la razón y fundamento de la táctica guerrillera. Y varía también el modelo de experiencia: ahora es Vietnam. En efecto, como el imperialismo es un sistema mundial "hay que abatirlo en una gran confrontación mundial". La decisión de EE.UU. de "no permitir otra Cuba", indica que está dispuesto a recurrir a intervenciones directas cuando las oligarquías no resistan los estallidos insurreccionales. Así ha ocurrido en el Vietnam, donde quiere hacer un castigo ejemplar. Y bien Vietnam muestra hasta qué punto un pueblo lucha por su liberación y los Estados Unidos se han empantanado en una guerra interminable, a pesar de sus terroríficos instrumentos de destrucción. Y no sólo el mundo se conmueve por la tragedia de ese pueblo, sino que se producen graves disturbios en el seno de la opulencia norteamericana: los negros oprimidos son la vanguardia de una creciente inquietud. Ellos también tienen su "tercer mundo" en casa. Hay que crear pues un segundo, un tercer Vietnam, obligar a EE.UU. a salir de casa, disgregar sus esfuerzos represivos, comprometer directamente a su pueblo en la mantención del dominio. No dejarle sosiego. Enfrentarlo al ejercicio de la brutalidad ostensible y no callada, poner en crisis la conciencia moral de su pueblo, que no está ideológicamente preparado para tan oprobiosa tarea. Será hacerle sentir en carne propia las bases miserables de su opulencia, la visualización de la "american life" como internacional del crimen. "Todo esto va provocando la represión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aun dentro de su propio territorio. ¿Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para éste el dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo"? Eso significa brotes innumerables, una guerra larga. Es el camino de la lucha armada por doquier, pues en general, las condiciones están "maduras". "Es casi la única esperanza de victoria".

Pero Guevara tropieza de inmediato con un gran obstáculo en su estrategia: Vietnam es también ejemplo de cómo el campo socialista prefiere jugar, a pesar de todo, la carta de la Coexistencia. Ataca entonces esa "penosa" realidad: "con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa". Y esto le lleva a una crítica abierta a la actitud de los Estados Socialistas y compara su ayuda con "el estímulo de la plebe a los gladiadores romanos".

La respuesta pública rusa no se hizo esperar demasiado. El más claro índice de ella es "¿Dos, tres... otros Vietnames?" por Stanislav Budin (revista "Repórter" del 2 de junio, órgano de la Unión de Periodistas Checoeslovacos). Cuestiona el meollo de la tesis de Guevara: "Asegurar que del hecho de que el imperialismo es un sistema mundial resulta que debe ser abatido en una confrontación mundial, o sea, en una lucha grandiosa a escala mundial, en la cual una cantidad de Vietnames obligarán al imperiaiismo a dispersar sus fuerzas para ser derrotado, significa caer en ilusiones peligrosas y emprender el camino del aventurerismo que ignora todas las leyes de desarrollo de la sociedad, sobre todo la ley de desarrollo desigual del capitalismo". También critica a Guevara por su homogeinización abstracta de América Latina, su ignorancia del rol de las burguesías nacionales, que resisten vacilantes, pero que han evitado, hasta hoy, la FIP, etc. Y luego pasa a la tesis de la emulación competitiva: "el esfuerzo de los regímenes burgueses en América Latina por desarrollar las relaciones comerciales con los países socialistas es un hecho resueltamente antiimperialista..., el desarrollo de las relaciones económicas constituye un paso importante para romper la explotación monopolista del continente, por los monopolios norteamericanos, y que las relaciones constituyen el primer paso importante hacia el desarrollo de otro tipo de colaboración -sobre todo politica y pacífica- con el mundo socialista". Esta tesis ya había sido expuesta por Debray para criticarla y mostrar la índole "reformista" de los PC en América Latina(67). Finalmente, Budin rechaza la acusación que los países socialistas no ayuden a Vietnam y reafirma simultáneamente la necesidad de "paz para el Vietnam". Se comprende que la política rusa repudie con horror la creación de otros Vietnam, y Budin agrega: "¿Están las masas populares en América Latina preparadas para tales sacrificios?, ¿es que han llegado a una disposición de ánimo tal que están listas para ir a la lucha y a la muerte, conscientes de lo que les espera y lo prefieren a vivir en el orden existente? Únicamente en caso que pueda dar respuesta positiva a esta pregunta tiene derecho a preparar su ataque "mundial" contra el imperialismo. Sin embargo, si la situación no ha madurado hasta ese punto, si las masas populares incluso en América Latina ansían la paz y no otros Vietnames, si no están dispuestas a los terribles sacrificios que les profetiza Guevara, entonces ese llamado a una guerra revolucionaria de guerrillas en continentes enteros solamente puede tener como consecuencia un romanticismo que nada en las nubes y que ignora la realidad, por cierto desagradable, pero muy real. La transformación revolucionaria de la sociedad es un proceso complejo de fondo, que atraviesa diferentes fases, en el cual alternan diferentes métodos de lucha, y los métodos violentos pueden ser -pero también pueden no ser- tan sólo su culminación. La lucha armada universal que abarca continentes enteros y a la cual llama Guevara y que ignora las condiciones especificas de cada país y de cada pueblo, por lo tanto, no puede ser instrumento de esa transformación".

En suma, dice Budin: la paz es el socialismo y el socialismo es la paz, y solamente el imperialismo significa la guerra y terribles sufrimientos. "Mientras que la mayar atracción del socialismo estriba precisamente en que la humanidad se va convenciendo que el socialismo significa la paz, Guevara quiere convencer de que el socialismo significa la guerra". Con sus "posiciones de soberbia", "Lo que propone aquí Guevara por cierto recuerda mucho al anarquismo y a Bakunin, pero tiene muy poco en común con el marxismo revolucionario". "Fue Bakunin con todo su romanticismo revolucionario -que tanto recuerda al romanticismo de Guevara- quien se imaginaba la revolución como una cadena de insurrecciones revolucionarias en diferentes partes, bajo cuyos golpes se derrumbaría el capitalismo".

Las dos políticas están claramente constrastadas. Budin tiene razón en rechazar la receta universal y mágica del Foco, que además es improbable que se creen otros Vietnam ¿Olvida Guevara que Vietnam, aparte de sus factores internos, tiene sus espaldas cubiertas y mantiene vasos comunicantes con China y demás países socialistas, aunque estén en grave disputa? ¿Que esa es la explicación de la "escalada"? Difícil que en otros lugares hicieran falta, por prescindibles, escaladas tan largas. Pero a la vez juega con ambigüedad y equívoco: "el socialismo es paz para los pueblos". ¿Paz futura o actual? La paz actual es la de su explotación, y si los pueblos miran hacia el socialismo es porque ven una vía de liberación. Guevara no ofrece la guerra, recoge el guante de la guerra del enemigo fundamental del Tercer Mundo. De tal modo, Budin quiere confundir coexistencia con socialismo y embrollar las aguas y eso conduce necesariamente a la idealización del antimperialismo de las burguesías nacionales, de su comercio con el Este, y de afirmar por consiguiente el rol "reformista" de los PC latinoamericanos e implícitamente casi convertirlos en agencias de "importación exportación", que es el revés de la postulación del choque seco y frontal de revolución versus contrarrevolución del castrismo. Se entiende bien ahora la dobla presión a que están sometidos los PC satelizados: la "coexistente" rusa y el jaque de la revolución cubana que corre hacia planteos ultraizquierdistas. En lo que Budin y Guevara están de acuerdo es en negar o ignorar la cuestión nacional latinoamericana, y condenarse por ello a la más superficial visión de la problemática latinoamericana. Pues la cuestión afecta de raíz todos los problemas, las evaluaciones políticas, desde las tareas de industrialización hasta las luchas de liberación y por el socialismo, pasando por el rol de las burguesías y proletariados, etc. en los fragmentos parroquiales que los escinden y raquitizan.

 

La Conferencia de las OLAS


La OLAS nace como consecuencia de la Tricontinental de 1966, impulsada por una idea de Salvador Allende. No sin resistencias. Algunos partidos comunistas, como el argentino, se opusieron y no fue recibida con agrado por Moscú. Y esto, a pesar de que Castro acababa de romper espectacularmente con los chinos y denunciado en el peor lenguaje stalinista a los "trotzkistas" guatemaltecos. ¿Un paso atrás para dar dos adelante? Lo que pareció en un momento acatamiento a la Coexistencia, se trasmutó en aceleramiento de la Revolución por el Foco. Es que la ruptura con los chinos era una reafirmación nacional, para evitar confusiones alienadas. Esa vocación nacional se centraba, de suyo, en la Habana, y no en Moscú ni Pekin. La OLAS será su expresión.

1967 puso el énfasis en !a tirantez de la linea cubana y las necesidades de la Coexistencia. Algunos guerrilleros cubanos en Venezuela, que alborotaron a Leoni, ruptura del PC venezolano que repudia la "lucha armada", crisis con los países socialistas por sus empréstitos a gobiernos latinoamericanos, como al del colombiano Lleras Restrepo, que reprime guerrillas. Más allá de las anécdotas, y en ellas, están en juego dos concepciones antitéticas y globales, y sus modos de particularización.

Se introdujo también un nuevo agravante: la crisis del Medio Oriente. En efecto, fue el más terrible golpe contra la organización política del Tercer Mundo, la desmantelación del ciclo que corre desde Bandung en 1955 hasta la Tricontinental. Desde Sukarno en Indonesia y Kruma en África, los contragolpes se habían ido sucediendo, y ahora alcanzaban el vértice, la columna vertebral del Tercer Mundo, que es el Egipto de Nasser. La agresión israeli dejó al Tercer Mundo totalmente desarticulado y postrado. Y Cuba critica ásperamente el retroceso soviético en el Consejo de Seguridad, que no exige la vuelta de los beligerantes a sus posiciones de origen. Estados Unidos toma ventaja ostensible como superpotencia mundial, y en Glassboro se ratifica el repliegue ruso. Cuba aparece así como el significativo reducto del Tercer Mundo de pie. En estas circunstancias será la Conferencia de la OLAS, en el año cubano del "Vietnam heroico".

Moscú no puede ni dejar Cuba, ni permitir que los PC latinoamericanos adopten la línea cubana. Tomó entonces una ruta media, de ablandamiento paulatino: algunos partidos comunistas, como el argentino y el brasileño ¡nada menos!, hacen boicot a la Conferencia; otros concurren e intentan "mediar", es decir, resistir en los puntos neurálgicos: la condena al PC venezolano y el repudio a la política de empréstitos, donde en el fondo, todo está en juego entre .ambas concepciones. El fin es impedir el monopolio Castrista del área latinoamericana y conservar libertad de acción. Por otra parte, la URSS ataca indirectamente a la OLAS desde la prensa prosoviética de Europa Occidental y Central a la vez que, paciente, mantiene su apoyo económico-político a Cuba misma. Señala así sutilmente su diferencia de Cuba y la dependencia de Cuba a su favor. Su poder le da fuerza para la paciencia y el ablande. ¿Cómo romper con el protector? Las fuerzas propias de Cuba, aunque decididas, son limitadas. Se dice que recibe 500 millones de dólares anuales de ayuda.

La Conferencia de la OLAS fue presidida por un gran retrato de Bolívar y su frase "Para nosotros la Patria es América" era el lema con que comienzan los enunciados de la primera Comisión, lo que no le impidió citar como prócer a Sarmiento, uno de los hombres que más han despreciado a la "barbarie" latinoamericana. Esa presencia de Bolívar es de inmensa importancia, señala el avance en profundidad nacional de la Conferencia. También el hecho que el comandante Guevara haya sido proclamado de "nacionalidad latinoamericano". La cuestión nacional aflora de continuo, aunque reprimida por el híbrido concepto de la "Revolución Continental", que se esfuerza en mantener todo en su viejo sitio. En realidad, los planteos de la Conferencia de la OLAS han sido expresados por Debray, y a ellos ya nos hemos referido ideológicamente. La OLAS no aporta en este sentido, nada nuevo, aunque sí en el terreno práctico, de esfuerzo concreto unificador y solidario latinoamericano. Reitera que los principios del marxismo-leninismo orientan al movimiento revolucionario de América Latina y que la lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental. La OLAS se levanta sobre la teoría del Foco.

Ya hemos formulado nuestra crítica al respecto. Y el discurso final de Castro no hace más que confirmarla. En efecto, ¿qué referencia explícita hace al marxismo leninismo? "La propia literatura marxista, la propia literatura política revolucionaria debiera remozarse, porque a fuerza de repetir clisés, frasesitas, palabritas, que se vienen repitiendo desde hace 35 años, no se conquista a nadie, no se gana a nadie. Hay veces que los documentos políticos llamados marxistas dan la impresión que se va a un archivo y se pide un modelo... Y muchas gentes dicen que esto es el marxismo ¿y en qu é se diferencia de un catecismo, y en qué se diferencia de una letanía y de un rosario?" Fidel compara dos cosas de muy diferente propósito, pero el espíritu es claro: condena a toda una escolástica marxista que hace estragos en América Latina. ¿Pero eso, de dónde sale? ¿Cómo se produjo? Ya nos los explicó Debray: por la alienación de los PC latinoamericanos. ¿Y ese es e! mar­ismo con que Castro tiene que educar a Cuba y al Foco? ¿El marxismo que hoy está centrado en la Coexistencia? Si no es ese, ya no sabemos a cual se refiere. Intelectualmente, para la comprensión directa de América Latina, ese marxismo-leninismo ha aportado poca cosa y se ha endurecido en clisés. Pues marxismo que no es situacional, no sirve para nada. Y a propósito de Bolívar, podríamos recordar que Marx escribió sobre el Libertador los más grandes disparates o que justificó el atropello yanqui a México, lo que por supuesto no sirve para invalidar las tesis del "Capital", pero sí para advertir que conocer "El Capital" no es conocer todavía a América Latina. Y lo mismo de Lenin, que murió hace casi cuarenta años y sólo hizo referencias vagas sobre América Latina. ¿Y alguien puede creer que Debray y el Foco han latinoamericanizado al pensamiento marxista? El propio Debray reconoce: "Una cosa es hacer la guerra y otra ganarla. Hoy en América Latina, ganar la guerra contra el imperialismo exige un gigantesco trabajo teórico"(68). Fidel expresa esa necesidad, sin trascenderla.

La pobreza y contradicciones del Foco se vinculan a las del marxismo-leninismo al uso. Y a la vez el Foco simboliza dos necesidades y dos casi impotencias de la realidad cubana.

Es así que el castrismo no puede replantear al marxismo-leninismo, no puede tocar la raíz de la alienación de los PC latinoamericanos, porque Cuba misma depende en gran medida del sostén de Rusia. Entonces escapa por la tangente, y su necesidad de acelerar la revolución latinoamericana, se objetiva en una táctica elevada a estrategia. Debray nos dice: "La desgracia quiere que el buen camino, el único practicable, parta de datos tácticos para elevarse a definir una estrategia... Esa lenta ascensión de la táctica a la estrategia, que ella envuelve y a la cual apela a la vez, acompañada de la experiencia de todos los escalones intermedios, es un poco la historia de la revolución cubana, y es también una buena regla de método para el aprendizaje práctico"(69). Pero esto no es cierto, toda táctica implica una estrategia, y suponer lo contrario es caer en un empirismo vacío de concepto, en Hume y no en Marx. De tal modo, el castrismo, sintiendo las insuficiencias nacionales del marxismo oficial, no inquiere hasta el fin sus razones profundas y escamotea el asunto elevando una táctica a estrategia. Pero como esa estrategia tiene la apariencia de táctica, entonces queda tranquilo con el viejo rótulo, a la vez que los PC se consuelan diciéndose que una mera táctica no vulnera sus estrategias. Y de tal modo, el hibridismo contamina a todos. Pues el mismo Debray puso a la luz para su justificación, como la teoría del Foco exige el "continuo indiferenciado de las etapas" y el innatismo empírico del sujeto idéntico y realizador de aquellas etapas. Así, la línea cubana expresa su necesidad nacional de la revolución latinoamericana bajo la forma burda del Foco, que indica simultáneamente su determinación y su debilidad en el repudio de la estrategia planetaria rusa.

Por otro lado, la teoría del Foco, en su simplicidad, permite el lujo de quedarse en generalidades homogéneas sobre América Latina y dispensarse del "gigantesco trabajo teórico" por hacer. La lucha armada alcanza. Y a la vez señala la lógica reacción cubana ante el bloqueo a que está sometida con la complicidad de todos los gobiernos latinoamericanos. Bien merece Frei los castigos de Castro porque su presuntuosa "Revolución en Libertad" no tiene inconveniente de participar en el cerco coactivo contra un pueblo hermano. En ese sentido. Franco es más independiente que Frei. Pero eso no puede conducir a meter en una bolsa a Frei con Castelo, etc. Es comprensible, pero políticamente no justificable. El rostro que soporta Cuba es el de la OEA, pues ésta, a pesar de todo, no define totalmente a todos y cada uno de los gobiernos que la integran. Pero la realidad maniquea del bloqueo a Cuba empuja a los cubanos a una respuesta política maniquea. La singular negación que hace el Foco de las burguesías nacionales, responde a ese maniqueísmo e inhibe a Cuba de una diplomacia matizada en relación a los países latinoamericanos. La OEA es expresión última de la situación semi-colonial latinoamericana, pero no agota todas las políticas reales hoy imperantes en América Latina. Ninguna política es maniquea, aunque pueda tomar ocasionalmente un rostro maniqueo. Y con el Foco, Cuba abandona toda política y diplomacia en relación a América Latina, renuncia a vigilar y usar sus contradicciones internas.

En suma: la vía cubana del Foco conduce a un callejón sin salida, a enquistarse y reforzar el bloqueo de todos los gobiernos latinoamericanos sin distinción, y al ablandamiento sistemático por parte de los Coexistentes. Para Cuba es vital proclamarse marxista-leninista, pero ¿no vienen del Este las acusaciones de anarcocastrismo? ¿No es un modo de tomar distancias y descomprometerse? La tragedia de Cuba es ser vanguardia, en el sentido preciso en que sólo es liberación de un fragmento de América Latina, y ese fragmento pequeño y erguido no puede sostener una política totalmente independiente ¿puede solo un fragmento balcánico? ¿puede industrializarse?, etc. Las dramáticas contradicciones cubanas son símbolo de una gran vocación nacional en una nación todavía no cumplida. Cuba más que nadie, urge el planteo de la cuestión nacional latinoamericana.

Si he insistido en el aspecto del Foco, es porque entiendo es una receta mágica que pone en vía muerta, y que sólo excita los entusiasmos de una izquierda de piedad crispada y sin pensamiento. Puede traerse a colación la reflexión de un tomista, para definir aquella por una analogía, que bien conocemos los cristianos: "La piedad es útil para todo. De este dicho célebre, muchos espíritus religiosos, siguiendo una inclinación fácil, han concluido que esa misma piedad es suficiente para todo. El entusiasmo suple la doctrina, o más bien la sostiene con su sola fuerza. Esta recibe un empuje que la razón jadea en seguir. Al límite, la piedad no sólo dispensa de toda crítica, sino que la considera como devastadora. La razón deviene impía cuando se pone a criticar las cauciones de la piedad. Se le pide adherir no juzgar. Cuando el culto de las imágenes sobrepasa al de la realidad, esta disposición de espíritu se traduce por una indiferencia tanto a la cualidad de las imágenes como por el valor de las concepciones. El fervor compensa"(70).

Cierto, pero el fervor tiene su contracara: no es de suyo arbitrario, manifiesta la hondura existencial. Sin fervor no es realizable ninguna gran empresa colectiva. El fervor puede obnubilar al pensamiento, pero es la condición de su auténtico movimiento. Y así el Foco, inscripto en la realidad, tiene la inmensa positividad de sacudir la conciencia de América Latina: ha puesto sobre el tapete la dimensión y urgencia de la tarea por hacer y ha dejado ya testimonios que valen mil propagandas. Su repercusión trasciende largamente al ámbito de los "marxismos leninismos" al uso. Por ejemplo: ¿qué sería hoy el deshielo de la Iglesia, de los católicos latinoamericanos, sin el sacrificio de Camilo Torres? Los nuevos mártires generan nuevas potencias y tienden nuevas comunicaciones. Pero ningún mártir tiene por objetivo el martirio, sino el despliegue de la idea en la realidad. ¿Qué hubiera sido de los mártires cristianos si no hubieran fecundado y ahondado la teología? ¿Qué será de nuestros mártires latinoamericanos, si no fecundan al pensamiento político? América Latina tiene desde Bolívar, San Martin, Morelos, Artigas, hasta hoy, demasiados mártires y pocos arcos triunfales. Así, el martirio convoca necesariamente la reflexión crítica, porque el objetivo es elaborar políticas victoriosas.

La Revolución Verde Oliva no puede ni debe angostarse en el Foco, reducirse al Foco. El foco recibe la vida de ella, y no al revés. Ella está hoy en un fase terriblemente crítica, sola, y pone a todos los que sentimos entrañables vínculos con el destino cubano, que atañe directamente al nuestro, en situación crítica. La Revolución Verde Oliva es un gigantesco revulsivo, y no se agota tampoco en exhibir la actual y profunda crisis del marxismo-leninismo de la "línea general" soviética. Ahora hemos hecho hincapié en este aspecto, en conexión con la dinámica del nacionalismo revolucionario y socialista cubano. Quedan muchas cuestiones pendientes. Pero comenzar a tomar conciencia cabal de las contradicciones específicas de las políticas latinoamericanas, de sus ambigüedades, de sus dimensiones positivas y negativas, es tarea pública -no cuchicheo de murmurantes- y condición imprescindible de nuevos pasos adelante. Y el próximo está ya a la vista: la cuestión de la unidad nacional latinoamericana.

 

Notas

Las ediciones de las tres obras de Debray son ya innumerables en América Latina. Las citas serán:

A "América Latina: algunos problemas estrategia revolucionaria", Banda Oriental, Montevideo.

C "El Castrismo: la larga marcha de América Latina", Cuadernos de Marcha, Montevideo.

R "Revolución en la Revolución", Revista América Latina N9 1, Montevideo.

(67) A. pág. 65 a 68.

(68) A. pág. 90.

(69) R. pág. 56.

(70) "L'entrée en metaphysique". Ed. Gaboriau (Casterman, 1962).

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