UN NUEVO Y EXTRAÑO "ECUMENISMO"

La teología de la revolución y teologías de secularización

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En el CELAM tenía revistas de México, Costa Rica, etc, y pude ver bien cómo se armaba todo este asunto. Escribí una descripción lógica poniendo las cosas en claro, y señalando el extraño ecumenismo que aparecía, sin explicar por qué. Aun yo no sabía por qué ocurría. En 1981 le pegan el tiro al Papa y yo escribo en la revista del CELAM un artículo que también apareció en Roma, donde fue un impacto. Porque era en alguna forma el hecho y el intento de explicación. En Roma, o en el CELAM sentían lo mismo que yo, por supuesto. ¿Qué les pasaba a los "hermanos separados"? ¿Qué nos estaban haciendo?

A esta altura había logrado una cierta comprensión de lo ocurrido. Una guía era para mí lo que pasaba en el ISAL. Me encontré con dos hechos, por un lado, Richard Shaull, un teólogo calvinista presbiteriano norteamericano. Era el padre intelectual de esta generación del ISAL, donde había muchos uruguayos -un uruguayo sobreviviente a todo eso es Barreiro, que enseña en la Facultad de derecho-, Shaull es uno de los protestantes que inventa una "teología de la revolución". Este hombre es el maestro inicial de todo el grupo ISAL. Y su teología de la revolución va a convertirse en un pensamiento dominante en el seno del Consejo Ecuménico, en la Asamblea Mundial que realiza en Ginebra en 1966, ense­guida del fin del Concilio, organizada por el Departamento Social del Consejo Mundial, que era ISAL. ISAL era el departamento social del Consejo para América Latina, y tenía vínculos con otros continentes. Acá salió a luz una enorme discusión. Los enfoques, no solamente de Shaull sino de muchos otros teólogos protestantes, estaban en la línea de una teología de la revolución.

Lo vi en una obra que cito acá, de Eduardo Ortiz, de 1978, "Protestantismo y Liberación, teología social del Consejo Ecuménico de la Iglesia". Es el estudio principal de la Asamblea de 1966. Hay otros; Ratzendorf, etc, que convergen con Shaull.

A mí me llamaba la atención lo siguiente: que lasigle­sias más ricas del mundo, de las zonas más ricas y dominantes del mundo, de EEUU y Alemania, aparecieran finan­ciando los movimientos de ultraizquierda, al menos en América Latina. Las iglesias supercapitalistas estaban alimentando esto.

Ustedes saben que a veces hay sentimientos de culpa. Me contaba un padre una anécdota del Cardenal Silva Henríquez. Hace unos años, el Cardenal me había invitado a cenar. Yo iba con un schoensttatiano y le pregunté cómo era el Cardenal. Me dijo que no era un intelectual, que era un hombre que nadie sabía muy bien qué pensaba. Con­sideré que eso era una virtud para un jefe, porque si sus subordinados saben lo que piensa, está frito. Y me contó que una vez una fundación le ofreció al Cardenal plata para obras. Y alguien le advirtió que tuviera cuidado por la procedencia de los fondos. El Cardenal contestó: "Soy salesiano, no franciscano. Como Francisco era rico, le pesaba la riqueza, y estaba obsesionado con ser pobre. Pero como los salesianos somos de origen pobre, ¡sabemos qué importante es la plata! Y entonces a la plata no le digo que no. Mi forma de ser pobre es usar esa plata, no a mi servicio, sino al servicio de la Iglesia y del pueblo necesitado."

Como en Rusia de los zares, los hijos de los aristócratas querían ir a los pobres, a los mujiks. Un poco, me parece, los hijos de las iglesias ricas generaron un sentimiento de culpabilidad con los pueblos más pobres. Eran épocas contestatarias. La hija de un magnate de la prensa, Patricia Hearst, aparecía asaltando un banco con una guerrilla que casualmente se llamaba "Movimiento Ecuménico Sambionés".

A veces hay una conciencia culpable, y una angustia por mostrar una solidaridad con el mundo de los oprimidos, de los pobres. Y así es como en general han comenzado la ma­yor parte de los movimientos importantes de la historia.

Weber sostiene que la iglesia calvinista es la que le insufla el espíritu al capitalismo, es el puritanismo el que va a multiplicar la dinámica capitalista. Esto empero es discutible.

Richard Shaull, como pastor presbiteriano en Colombia y en Brasil, en zonas muy pobres, termina gestando una teología de la revolución. Y va a influirsobre una cantidad de latinoamericanos, entre ellos sobre Julio Santa Ana. Nosotros, en comparación con la plata que ha ganado Santa Ana luchando en jet por la revolución, somos unos miserables del tercer mundo.

ISAL se establece en América Latina. Hay ocho jóvenes protestantes en el Cerro, diez en la iglesia del Gaucho y algunos otros más, que son los treinta tipos que están en ISAL. Pero con eso no hay revolución. Y no están en zona protestante. A los hijos de los ricos del norte les interesa financiar las revoluciones en el sur, no en Norteamérica, no en New York, porque ahí es donde cobran. ¿De qué forma entonces la ISAL podía acceder al pueblo? ¿Por qué vías? Si la iglesia masiva en Perú, en Chile, en toda AméricaLatina es la Iglesia Católica, ellos eran oficiales sin ejército. ¿Dónde estaban los soldados? Había entonces que penetrar en la cabeza de la Iglesia católica para llegara las masas.

Pero, ¿a los obispos? Algunos no tienen cabeza, y otros la tienen bien puesta. No eran tan fáciles los obispos. Pero estaban los sacerdotes y monjas, la oficialidad full-time de la Iglesia. Los que hacen Iglesia a tiempo completo. Las instituciones viven por los que le dedican su tiempo completo. Si una institución no genera gente dispuesta al sacrificio de su tiempo completo, no camina. Sólo caminan en la historia las quetienen gente que genera un amor tal que le ofrecen todo su tiempo.

Entonces se acercaron a los curas perturbados en su identidad, tocados por los acontecimientos de Cuba, etc, seducibles. El cura estudiaba teología dogmática, liturgia, y cosas que le servían como sacerdote, pero no en el mundo secular. Y si entraba en crisis de identidad y se tenía que ir, a los 30 o 40 años, lo que sabía no le servía para nada. Su apronte era para otra cosa.

Tenía que empezar de cero. Quedaba convertido en un inválido. Entonces venían los "hermanos separados" y le ofrecían un empleo en lo que él sabía. El curita se estaba por casar. El casamiento en el celibato es símbolo de la crisis. El tipo se enamora porque, en el fondo, se permite enamorarse. Es facilísimo dejarse enamorar. Lo que pasa es que si se en­cuentra comprometido, uno no se deja enamorar. Cuando está en crisis abre la puerta, o la deja entornada. Algo hizo para dejarla entornada; la gente en crisis se deja ir.

Pero, ¿iba a alimentar su vida laica con la teología dogmática? No aguantaría así ni una suba de boleto. Ahí entra el poder económico de los ecuménicos, que le tienden un puente de plata. Le permiten seguir siendo cristiano. De yapa, resultaba ser un revolucionario financiado. Una carambola.

Generalmente pensamos que un cura está solo. Pero no es así: está acompañado toda su vida por su promoción del seminario. En la vida de los laicos, hay una hermandad fuera de la familia que es la "barra" de amigos o amigas. La barra se deshace cuando sus componentes se ennovian. La particula­ridad del cura es que no sale nunca de la "barra" del seminario, y mantiene siempre sus vínculos con todos los de su generación del seminario. De esta manera, está enterado de todo -también de lo que pasa en la Iglesia-, porque se siguen juntando. No es que los “ecuménicos” lo manden espiar. No hace falta. Naturalmente se enteran de todo. Es normal que la amistad no se deshaga porque uno de los amigos haga alguna barbaridad.

De modo que este aparato marginal de curas y monjas, si­gue tan ligado hoy como antes al aparato eclesial y lo sabe todo. Son las correas de transmisión hacia otro lado. En mi opinión, nunca se armó un aparato de información tan perfecto. En toda América Latina hubo muchísimos casos. Acá se puede averiguar muy bien cuáles son los curas y monjas que han estado ligados muy íntimamente, desde hace diez oquince años, a los centros ecuménicos. Y ahí tienen una guía infalible.

En un libro publicado en 1968, "¿Teología de la liberación?", Shaull, dice: "En los últimos años, la Comisión Protestante de la Iglesia en Sociedad -el ISAL-, ha extendido su acción a casi todas las regiones del continente y ha formado pequeños grupos de personas muy comprometidas en los acontecimientos que pasan en su país. Ellos constituyen un grupo de dirigentes quetrabaja continuamente en estos problemas. Publica una cantidad de mate­rial de estudio, y ha agrupado recientemente un centenar de laicos y ministros en perspectiva de toda América Latina para una conferenciade estudios sobre estos temas. Lo que hay de más importante, es la proliferación de movimientos más o menos confesionales, o sin etiquetas ni ideología cristiana, que están en la vanguardia de la lucha revolucionaria".

O sea que hay pequeños grupos de dirigentes, que editan, proliferan y están en todos lados, y que son la vanguardia revolucionaria, según Shaull. Dirigentes sin dirigidos. ¿Por intermedio de quién encontrarlos?

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