UN NUEVO Y EXTRAÑO "ECUMENISMO"

Luteranos; separación entre mundo secular e iglesia invisible

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¿Cómo y porqué esto es posible? Por una derivación actual de la teología protestante, típicamente luterana. La separación de los dos reinos, la separación entre lo secular y lo espiritual. Lutero habla de la radical separación del mundo secular, bajo el dominio de los príncipes y la iglesia invisible. No la visible; la invisible. Es una fe interior. Por eso el luteranismo es músico; el arte más intimista. La iglesia no es intrínsecamente visible; es una iglesia espiritual. Y el orden temporal es de los príncipes. Ante el orden temporal que es irredimible, la iglesia visible es mera condición fáctica de la única importante que es la espiritual. Pero la iglesia visible está sometida al príncipe. Que es el único con potestad.

La Iglesia católica para los protestantes, es un monstruo, una hibris, que pretende ser iglesia visible y espiritual. Y pretende hacer doctrina-social. No separa radicalmente lo espiritual de lo temporal.

Esto deriva en que los teólogos luteranos generen, al terminar la guerra, el auge de las teologías de la secularización. O sea, todo lo que es encarnación visible cristiana es una corrupción. La iglesia no puede tener en­carnaciones visibles en la historia. Es una iglesia del Espíritu Santo, sin raigambre. En el fondo hay una cierta herejía que separa la unidad de las dos naturalezas de Cristo: hombre sólo, o un símbolo de Dios. Por eso, todos los que hacen a Cristo revolucionario o a Cristo símbolo de Dios incurren en el separatismo de esta teología de los dos reinos.

¿Cuál va a ser la ideología protestante de la revolución? Shaull, comentando los documentos de la reunión de Chile, habla del surgimiento de una nueva izquierda cristiana. Y dice: "Ella no tiene un sistema político y económico prefabricado. Ella espera más bien participar en el proceso histórico dinámico. Para aquellos que están habituados a pensar en función de una doctrina social particular, este cambio es incomprensible."

El dice: "no tenemos doctrina social". ¿Por qué?Porque tenerla es incurrir en el vicio, católico de inmiscuirse en lo temporal, en no separar lo espiritual de lo temporal. Loque ellos tienen es el tinguiñazo del amor, pero la doctrina debe ser puramente secular. Los cristianos sólo pueden colaborar en cuanto a doctrinas seculares engendrando otras, y no actuando ellos en cuanto cristianos. Ese es el nudo de la cosa.

Mientras que Lutero revertía en la obediencia absoluta al príncipe, acá se va a la subversión contra el príncipe: pero el principio es el mismo. Lo secular sólo pertenece a los partidos seculares y los cristianos no luchan por cristianizar nada, sino para humanizar. No es válido intentar cristianizar, porque eso sería engendrar el hibris monstruoso de la cristiandad.

Un periodista demócrata cristiano, en "Ercilla", comenta:

"Contrariamente a los católicos, los protestantes han des­cartado la posibilidad de cristianizar la sociedad y sus estructuras. Tampoco han elaborado una filosofía cristiana ni una doctrina social cristiana. Cuando un protestante se siente llamado a la lucha política o social, no puede deducir de su teología principios derivados de acción. Por esta razón, el protestante de izquierda tiene tendencia a buscar refugio en los partidos políticos ya existentes, que tienen una filosofía concreta y una estrategia definida de lucha."

A esto responde Shaull: "La ironía quiere que sea justamente esta ausencia de doctrina social cristiana, que ha llevado a la nueva generación de católicos a volverse hacia lo que el autor condena como protestante. Ellos, al hacer esto, no han adherido ciegamente a otras ideologías políticas, sino que han encontrado el medio de hacerle frente y de lanzarles un desafío constructivo." Si yo no tengo política, la tendrán otros. Pero es justamente mi falta de política la que me permitirá, según Shaull, criticar constructivamente la política. Es un galimatías.

Esto repercutió en la Iglesia, acá, muy hondamente. Las teologías de la secularización llevaron a que se quiso que no existieran radios católicas, universidades católicas, diarios católicos: no había que tener nada. Había que usar lo que tenían otros. Era como un optimismo ingenuo, impresionante, que se vivió en aquellos años.

El otro admirado por Santa Ana es un pastor checoslovaco, Romatka.

Lo que estamos viendo lleva a explicar este fenómeno tan extraño: cómo terminaban adoptando el marxismo. Con fe cristiana, revolucionarios sin doctrina ni social, ni económica ni política terminaban eligiendo lo que a ellos les parecía más adecuado para hacer la revolución.

Romatka sostenía que lo esencial del marxismo era el com­bate revolucionario. Y que el ateísmo del marxismo era accesorio. Lo fundamental del marxismo era su lucha por la revolución de los oprimidos. Pero no era esencial su ateísmo. Dice: "El diálogo con los marxistas requiere de parte de los cristianos una vuelta al hombre. Nos podemos entender en luchar por el oprimido, aunque uno sea ateo y el otro no." Como si lo uno y lo otro no tuvieran ninguna consecuencia en esa lucha por el oprimido, como de facto lo tuvo en Cuba o en Nicaragua. Requiere una "vuelta al hombre", pero al hombre sin Dios. Se hará entonces como Camilo Torres. Camilo, por otra vía, pero influido por la teología de la secularización, llegó a decir que el no celebraría más la Eucaristía, hasta que no hubieran más oprimidos en el mundo. O sea, hasta el Apocalipsis... Entonces, ¿para qué está Jesucristo en la Historia? ¿Para qué, si no puedo celebrar la Eucaristía porque hay pecado y mal? Entonces Cristo y la Iglesia son totalmente superfluos hasta el Apocalipsis. Que Cristo venga entonces en el último día, y que no embrome en todo el transcurso de la historia como un moscardón. Sólo se puede ser puro y santo para ir a la Iglesia. Y como no hay Iglesia de santos puros, no hay Iglesia. Y en el intervalo, ¡agarramos el rifle!

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