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METHOL FERRÉ, O EL URUGUAY INTERNACIONAL

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Alberto Methol Ferré (80), fallecido en Montevideo el 15 de este mes, fue un intelectual de una sola pieza, y tal vez por eso, inclasificable en términos de una profesión. Su labor le inscribe en la restringida lista de uruguayos que en el siglo XX reflexionaron sobre la identidad del país y su función en América Latina y en el mundo. En el centro de su pensamiento estuvo siempre “el nuevo Uruguay internacional”. Anclado invariablemente en un enfoque geopolítico, durante más de 50 años aplicó inteligencia, sabiduría y pasión a la necesidad de que este país “trascienda” su escasa dimensión interior en una unión regional autónoma.
            Negaba ser un historiador, y en sus trabajos no presumía de aplicar las técnicas de investigación y exposición de esa disciplina, pero bebía incansablemente las lecciones de la historia y las volcaba en sus ensayos con lucidez y con la misma elocuencia con que, en las últimas décadas, enseñaba. Con mucha frecuencia las interpretaciones y los juicios históricos de Methol deslumbraban como un relámpago inesperado, que por eso mismo, no pretendía gustar a todo el mundo.
            Su edad le permitió ser testigo, en su juventud, del apogeo del Estado de Bienestar, y de su decadencia, con la profunda y prolongada crisis de los años 50 y 60. Interrogó y cuestionó la condición de “Estado Tapón” del Uruguay independiente, y ya en 1955, junto a Washington Reyes Abadie y Roberto Ares Pons, editó la revista que llamaron “Nexo”, de corta vida.
            Con esas cuatro letras quisieron cancelar aquella vieja idea que negaba a la vez el destino argentino (Banda Oriental) y el brasileño (Provincia Cisplatina). La nueva función (funcionalidad) de este país —situado geográficamente en lugar estratégico de la Cuenca del Plata— debía ser, no más su neutralización para excluir aquellas dos alternativas, sino una posición activa que permitiera una síntesis o conjugación de ambas a la vez. No más el tapón-frontera autosuficiente, que separa; en su lugar, el nexo que interrelaciona a las dos potencias vecinas.
            Esta idea —junto a un complejo sistema de pensamiento que abarcó la historia de América Latina desde la colonización ibérica hasta aquel momento crítico del Uruguay en los años 60, preñado de violencia— fue expuesta en un ensayo que ha perdurado como la piedra fundamental de la obra de Methol Ferré: “El Uruguay como problema” (Ediciones de la Banda Oriental, 1967. Segunda edición, con un Epílogo de actualización y un nuevo Prólogo, 1971).
            Este libro, unido a la actividad periodística y a las vinculaciones académicas de Methol Ferré, especialmente en la Argentina pero también en círculos intelectuales brasileños, colocó a este pensador uruguayo en la nueva oleada de revisionismo de la historia de América Latina. En particular le valió una estrecha colaboración y fuerte amistad con el historiador argentino Jorge Abelardo Ramos, autor de “Historia de la Nación Latinoamericana” y “El marxismo de Indias”.
            Nadie más lejano a una filosofía marxista que Alberto Methol Ferré, pero en cambio le era cercano todo aquello que respirara nacionalismo latinoamericano, rectificación de la balcanización de las ex colonias españolas y de su consecuencia (la insularidad y debilidad de las veinte repúblicas independientes bajo la “Pax Británica”), proponiendo en su lugar una reunificación que les permitiera adquirir fortaleza para disputar autonomía ante el nuevo imperio, no más hispánico ni inglés, sino norteamericano.
            Es debido a estos vínculos y afinidades con círculos intelectuales de la mayoría de los países suramericanos, que la desaparición física de Methol Ferré tendrá repercusión muy sentida, no sólo en su tierra natal sino también fuera del Uruguay. Valga como muestra la inmediata comunicación que el mismo día del fallecimiento hizo circular electrónicamente el periodista y escritor argentino Julio Fernández Baráibar.
 
HERRERA: HOMENAJE Y DESPEDIDA
            Methol Ferré reconocía sus orígenes políticos y su fuente intelectual en el caudillo nacionalista Luis Alberto de Herrera. El punto de partida de “El Uruguay como problema” consiste en un detenido y amplio homenaje a las ideas antiimperialistas de aquel líder, y a su famoso libro “El Uruguay internacional” (1912). Allí queda consagrada la concepción del Uruguay independiente, del Estado Tapón, y muy especialmente, el principio de “No Intervención” como piedra angular de la política exterior de aquel país, conformado al esquema del Imperio Británico.
            La adhesión de Methol Ferré a esa política llega hasta el final mismo de los años 50 y también el fin de la vida de Herrera, que fallece en abril de 1959, poco después de lograr la histórica victoria de 1958 sobre el Partido Colorado y recién instalado el gobierno. Poco tiempo más tarde, Methol sentirá la necesidad de romper con la alianza herrero-ruralista que había contribuido a crear, y se apartará del Partido Nacional.
            En “El Uruguay como problema”, el autor justifica la inicial concepción del “Uruguay internacional” trazada por Herrera, pero en seguida señala que ya no es posible mantenerla, pues en ella consiste, precisamente, el problema. El problema de un Uruguay solo, interiormente limitado e insuficiente, aislado y sin posibilidad de tener una política internacional. El principio de “No Intervención” entraña, en sí mismo, una política negativa, inactiva.
            Ante el surgimiento de instituciones multilaterales de ámbito latinoamericano, como la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), que Uruguay pasa a integrar, e incluso ante la perspectiva de construcción de una central hidroeléctrica binacional con la Argentina (Salto Grande), Methol intuye una nueva realidad.
            Se interroga: “¿Cómo no intranquilizarse por la puesta en marcha de dependencias orgánicas con los vecinos, en elementos vitales para la economía del país con ‘soberanía compartida’?” (El subrayado es nuestro). Aquí adivina, anticipa, procesos de integración que harían inviable la concepción del “Uruguay internacional” de la primera independencia.
            En seguida lo pone en negro sobre blanco: “Es la nueva e inevitable encrucijada del país. Pareciera que en su literalidad, el acontecer histórico va haciendo imposible la política de Herrera, que ha sido la del Uruguay en que nos hemos formado. Es ese Uruguay tal como ha sido, el que no puede seguir (...).”
            Entonces agrega: “En lo que me es personal, mucho he aprendido de Herrera, pero sé que ha llegado el momento de la despedida. (...) Los hechos obligan a dejar el orden del que Herrera fue celoso custodio, para pasar a la aventura. Pero toda aventura es en pos de un orden.”
            Ese nuevo orden será la larga construcción de la integración latinoamericana, que en aquellos años 60 registraba varios intentos por diversos caminos, y que hasta el día de su muerte ocupó la atención de Methol Ferré, siempre fiel a su indeclinable razonamiento geopolítico.
            La palabra “integración” con este significado aparece apenas una vez en la escritura de Methol en 1967, y sólo para advertir cuánto “la llamada integración” exigirá replantear radicalmente las políticas tradicionales del Uruguay. Ante “la vuelta hacia adentro de las economías latinoamericanas” que podía suponer el avance de la Alalc, dice: “La necesidad de trascender al Uruguay en que nacimos se hace imperiosa, impostergable, fatal.”
            Y agrega más adelante: “El viraje más radical de nuestra historia ya está a la vista. ¿Para ser uruguayos, debemos dejar de ser uruguayos al modo que fuimos y aún somos? (...) El Mercado Común Latinoamericano se nos viene encima cargado de consecuencias y nuevas cuestiones gravísimas.”
            Es entonces que extrae la inevitable consecuencia en materia de política exterior: “Los supuestos de nuestra vieja política internacional se han evaporado: el Imperio Inglés ha sido sustituido por el Yanqui, el viejo Uruguay agropecuario, extravertido y agotado ya no permite el cada uno en su casa, y tiene que abrirse a sus vecindades latinoamericanas. Para el Uruguay interiorizarse es latinoamericanizarse. Nuestra política nacional será ir más allá del Uruguay para salvar al Uruguay en el sentido de su propia historia.”
 
CUENCA DEL PLATA, CONO SUR, MERCOSUR, UNASUR
            Ese razonamiento le lleva de la mano a proponer “El nuevo Uruguay internacional”, y allí desarrolla su concepción de este país como llave estratégica, por su ubicación geográfica, de “la gigantesca Cuenca del Plata, base fundamental del Cono Sur”. (...) “La vuelta a la Cuenca es retorno, en un nivel superior, a la visión geopolítica de Artigas (...).”
            Mucha historia política habrá de acontecer todavía para que todo esto pueda volver a surgir como una posibilidad. Proceso político 1968-1973, golpe de Estado, dictadura y restauración democrática en 1985. Igualmente, las dictaduras militares continuarán instaladas en la Cuenca del Plata y en el Cono Sur durante más o menos los mismos años, cancelando toda posibilidad de que “la llamada integración” sea replanteada seriamente.
            El supuesto principal de Methol Ferré para activar el “nuevo Uruguay internacional” continuará siendo —como ya lo era desde 1953, cuando abrazó la fracasada iniciativa del presidente argentino Juan D. Perón ante Brasil y Chile, conocida como ABC— un entendimiento estratégico entre Buenos Aires y Brasilia. Éste se produjo, con el significado de un acontecimiento histórico, en la segunda mitad de la década del 80, bajo la conducción de los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney.
            Como es sabido, el último acto de ese acercamiento bilateral fue la creación del Mercosur en marzo de 1991, con la incorporación de Paraguay y Uruguay. Al proceso de integración subregional que allí se inició dedicó Methol Ferré gran parte de su trabajo durante todos estos años, aportando siempre la concepción geopolítica que suele perderse de vista cuando se cae en la limitación meramente comercialista o economicista, e incluso cuando se discute en términos de la teoría de la integración. Y allí encontró suelo fértil para continuar insistiendo en la función estratégica que le cumple desempeñar al Uruguay en la subregión.
            Habrá todavía un proyecto de mayor amplitud, que vendrá al encuentro de las ideas defendidas por Alberto Methol Ferré a lo largo de su vida: la  reciente creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Ni por la letra de su tratado constitutivo ni por su forma de proceder, esta nueva instancia se presenta como un tratado de integración económica sino como un instrumento para la coordinación política, con vocación de representar al subcontinente, con unidad y autonomía, en el nuevo orden internacional multipolar que está en gestación.
            Nada de este cúmulo de proyectos puestos en marcha garantiza que el nuevo Uruguay internacional imaginado por Methol sea ya una realidad. Ni ha logrado ser nexo articulador entre Argentina y Brasil, ni se ha “interiorizado” al punto de asegurarse la dimensión del mercado ampliado regional para subsanar la estrechez interna, ni su identidad ha trascendido al exterior por su pertenencia a un centro de poder regional.
            Las deficiencias del sistema creado para el Mercosur, sumadas al bajo nivel en que se desenvuelve la supuesta alianza Argentina-Brasil, han impedido que el Uruguay se encuentre ya integrado en una vecindad donde todos “se intervienen” recíprocamente. Tampoco los gobiernos uruguayos que hasta ahora se han ocupado de la política regional, han actuado con la energía y la independencia que cabe reclamarles en la construcción del proyecto común. Y dentro de Unasur, las diferencias políticas entre grupos de países arrojan dudas sobre la unidad del conjunto.
            A pesar de todas esas carencias, el escenario actual de la Cuenca del Plata y de América del Sur, tan diferente al que observaba Methol Ferré en 1967, permite comprobar cuán hondo calaba su mirada en la realidad geopolítica americana.
 
21 de noviembre de 2009.
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