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PALABRAS DEL PRESIDENTE JOSE MUJICA

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Yo no vengo, créanme, como presidente. Es otra historia. A personajes de este tipo, que tuvieron la independencia mental de pensar al Uruguay como problema, tenemos que hacerle un homenaje porque se va, pero pienso que tenemos que rumearlo, tenemos que revivirlo en los desafíos de nuestra vida, de nuestro acontecer.

La soberbia democracia occidental y cristiana que ha desparramado 16.000 raid, allí en la puerta de Europa, llevando y portando su civilización y su democracia para convencer a esos beduinos brutos del desierto.

¿Qué diría Tucho? Nos estaría diciendo: más que nunca tenemos que integrarnos, más que nunca tenemos que juntarnos, más que nunca los latinoamericanos precisamos un alero para ser nosotros. He aquí tantas décadas de sembrar, y de pensar y de repensar los contenidos del devenir de Nuestra América. Por eso el Tucho con su frescura, con su independencia, yo diría, con su irreverencia frente a los lugares comunes. Y sobre todo su actitud intelectual permanentemente desafiante lo hacen un pensador moderno, contemporáneo, existente entre nosotros. No es un homenaje a Tucho, es rebuscar dentro de nosotros a través de él lo mejor para intentar repensar el tiempo que nos toca vivir.

Lo conocí, ya ni sé cuándo, han pasado muchos años. Empezaban ciertos cambios. Le había ido mal al Partido Colorado y perdía la primera elección. Y vino aquel primer gobierno del Partido Nacional con aquel colegiado donde se sentaba Chicotazo y otra gente. Al poco tiempo lo conocí a Tucho. Hacíamos unas tertulias en un bulín de la calle Cerro Largo, había que subir varios pisos. Y otro flaco maravilloso que ya no está en el mundo, De Souza. Repensaba y repensaba. No sabíamos los que éramos más jóvenes qué andábamos buscando. La morsa de la historia nos estaba sacudiendo y escuchábamos y repensábamos con pensadores que se salían de los lugares comunes. Era el tiempo donde había una matriz de izquierda, no totalizadora, totalitaria. No nos dejaba ni un respiro porque tenía explicaciones racionales para todo. Nuestro socialismo era científico. Como tal, teníamos explicaciones para todo. Y éste era un sujeto irreverente, revolcaba todo por el camino. Fue un tiempo maravilloso, nunca estuvimos de acuerdo con Tucho en esa época, pero nunca nos olvidamos.

Muchos años después, con mucho tiempo por delante, demasiado tiempo para pensar, y cuando uno tiene que disparar para mantenerse vivo hacia la memoria, y rumear, rumear, rumear, empieza a dar a los recuerdos otros contenidos que en su momento se habían escapado. Y fueron esos tiempos que recordaba cosas de Tucho y de otros y me hacía esta pregunta: si vos te creías que pertenecías a la escuela del socialismo científico, ¿qué es el hombre? ¿Qué es lo que entraña el ser humano como disco duro implacable de la naturaleza y cuáles son las cosas adquiridas por la civilización, por la cultura y por su tiempo? Y en eso ando enredado hasta hoy, buscando.

A partir de ese tiempo me empezó a surgir la inquietud por la antropología, por saber del hombre. Y son de las cosas más hermosas que le debo a Tucho. La preocupación por escapar de las trampas de los lugares comunes, y por lo tanto tener la audacia, tal vez, de no poder dar respuesta pero sí hacernos preguntas que nos cuestionan a nosotros mismos y a todos.

Por eso, le disparo a la nostalgia, pero me gusta el tango. Pero en la vida trato de pensar y ver hacia adelante y estoy acá no por un homenaje al pasado, más que nada por un desafío hacia el porvenir. Y todo lo que Tucho nos dejó, lo más notable es el cuestionamiento permanente a las verdades consagradas e impuestas en cada uno de los tiempos. Es un verdadero removedor de lo más hondo de nuestros lugares comunes. Desde ese punto de vista representa el papel infatigable, removedor y creador del pensamiento humano.

Por eso, gracias amigos de Tucho por estar acá. Y ojalá que en tiempos de Tinelli y de programas de masa, la humanidad tenga el gusto de juntarse para discutir y no estar de acuerdo con los lugares comunes que intentan vertebrar e interpretar la civilización que nos toca vivir. Verán, queridos, no es un homenaje a un compañero que se fue. Y que tuve la suerte de que me acompañara en la última etapa de su vida, de todo corazón, con todo lo que significa para un hombre como Tucho. Esa formidable independencia, ese rigor, no es precisamente muy común y por lo tanto hay que resaltarlo. Gracias

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